Tu cuerpo me llegó negro, sucio, enrollado en las sábanas como un muerto que trae el río, envuelto en barro y ramas y bolsas de plástico, me llegó así y así también pensé que lo iba a dejar, usado y tirado en esa orilla blanca, a quién se le ocurre guardar un cuerpo que ni el río quiere, a quién se le ocurre cargar con un cadáver chorreante de lodo, de agua podrida, de pelo, de una hermosura que se enrosca insistentemente a los miembros y a la cara, que te hunde, que te ahoga, que te enrolla como en sábanas y te deja ahí tirado.