Quisimos conocer el mundo. Recorrer los mares, penetrar en las selvas, descender por los rápidos, ver el desierto, el extraordinario desierto. Para eso necesitamos construir naves, máquinas que nos llevaran y nos devolvieran a casa a salvo. Animada por este deseo, nuestra ingeniería se desarrolló notablemente. Ahora nos concentramos tanto en estas construcciones, en sus mínimos detalles y miles de piezas, que nunca encontramos tiempo para viajar.