27.9.08

… entonces me acostumbré a verte con los ojos repletos de lágrimas, con la cara repleta de lágrimas, todo el cuerpo convertido en una botella repleta de un líquido triste y amargo, volcada sobre la cama, tan solitaria y tan sin ganas, yo te contaba cualquier cosa y vos decías siempre que sí, como si ya ni tuvieras fuerzas para un no, y entonces recordaba la época en la que lo negabas todo y la cama no era una cueva sino un océano, algo en lo que te hundías para salir todavía más hermosa, y hacia allá me arrastrabas, con una fuerza de ola, una de esas olas gigantes que sólo se ven en las películas, elevándose terrible, curvándose para caer como una montaña, toda espuma y burbujas y algas…