Llega el momento en el que hay que acostarse y, ahí, en la oscuridad, sentimos el error. Estamos en el lugar equivocado. Esas sábanas exageradamente tensas, esa inmovilidad, ese silencio. En algún lugar se cometió un error: en nuestro día, en nuestra sangre, en el universo, en algún lado. Esa equivocación es tan ínfima o tan grande que resulta imposible conocerla. Sólo podemos sentir sus efectos. Y así, pensando en el error, el cansancio nos supera, y caemos nuevamente dormidos en un sueño equivocado.