MONÓLOGO DE ALEJANDRA
¿Por qué estoy tan triste? ¿Qué es este deseo, esta ansiedad? Las horas se hacen tan largas de noche… Cierro los ojos y me dan ganas de llorar. Y una vez que empiezo es imposible parar, me conozco. Quejándome y arrastrándome por el cuarto como un cisne moribundo. ¿Qué vas a decir ahora? ¿Qué vas a decir nunca? Ahora hablo sólo para demostrarme que existo. Hablo sólo para crear una realidad… Pero nunca alcanza: lo que digo y lo que vivo toman siempre caminos separados. Y de a poco se conforma un laberinto… Mi voz ya no sabe cómo decir palabra hermosas. La belleza se pedió en un mar de quejidos torpes. El mundo quedó reducido a un teatro vacío. Estoy de pie en el centro del escenario. Cualquier cosa que diga retumbará como un trueno, pero nadie podrá oírme. Ahora, acá, hablo sólo para vos; hablo sólo para escucharte. Y es como hablar sola. O es hablar sola. Esconderse y mostrarse a un tiempo; temer y desafiar. Contar para ser, para querer. Querer, siempre querer, ¿ves? Querer, desear, hablar. Alejandra, Ale, bonita, todas tus palabras se pierden el aire. Decís tantas cosas sin decir nunca nada… Nunca y nada. Y es que no hay mucho para decir. Lo de siempre. Estoy cansada, muy cansada. Con un cansancio infinito que me vacía hasta los huesos. Estoy cansada, estoy vacía, estoy vencida. Y estoy acá. Siempre acá. Y nadie lo sabe. Quisiera por una vez ser sorprendida por un sentido. Reconocerme con una sonrisa frente al espejo. Yo sé que hay algo que siempre vuelve, algo que incansablemente se renueva… una esperanza aterradora… Sé que una de estas noches conoceré a alguien. Entonces me sentiré bien. Sí… Compartiré una vida sin guardarme nada. Entregaré, al fin, todo lo que necesito. Al fin besar, al fin rendirse. Decir y escuchar “te quiero” a un mismo tiempo. Decir “vos” y “nosotros”, y decirlo de verdad. Sentarnos uno al lado del otro y decir que ya no volveremos a estar solos, que ya nunca más nos veremos por última vez y ya nunca más empezaremos de nuevo… Creer en un amor pasado es creer en un amor futuro. Porque creo en el odio, quiero; porque creo en el dolor, amo. Soy quien amó, a quien amaron, quien no ama, quien sí, quien almacena recuerdos y deseos. Soy tan torpe... Toda mi vida no he vivido sino tras rejas de humo. Lo esperé todo… y no llegó nada. Los sueños nunca dejaron su lugar sagrado. Los acumulé como a flores secas. Una idiota… Pero hay cosas que no se pueden evitar. Siempre caigo en el mismo juego. Lo repito todo con un capricho estúpido… Hay algo en este cuarto que me duele; algo muy frío también… Me aterra este silencio, tan grande… Me paro, me siento, me acuesto y me asomo a la ventana de tristeza. Lloro, luego existo, luego siento; luego me tiro en la cama y miro el techo. Imposibilidad de ser feliz. Imposibilidad de comunicarse. La vida es una historia que no avanza. Una cinta detenida, rota, como yo. Levantarse, lavarse la cara y cepillarse los dientes. Hacer las compras, preparar la comida, limpiar el baño. Caminar por el cuarto hasta reconocer cada baldosa; hasta reconocerlo como a la palma de la mano. ¿Es esto todo lo que hay? ¿Es esto todo? ¿Hay algo más allá de estas paredes? ¿Pasión, amor... ternura? ¿Hay algo que me espere para asombrarme y dejarme con los ojos abiertos como el cielo? ¿Es esto todo? Hoy desperté en la misma forma en la que lo hice ayer y en la que lo haré mañana. Tendré el pelo más largo o más corto; me sentiré mejor o peor. Serviré café, caminaré, comeré, dormiré. Eso es todo. Descubrir que no se puede ser feliz. Descubrir que no se puede entrar en otro corazón más que el propio, el único. Todo está lejos. Estoy sola. Siempre estuve sola. No importa… no importa. Bajar la cabeza. Y seguir adelante. No importa. Sonreí. O al menos no llores. No esta noche. Mejor apoyate así en la ventana y respirá hondo. Mirá: afuera la noche está hermosa y mañana va a hacer calor.Apoya la frente en el vidrio. Afuera las hojas se amontonan a lo largo de la zanja. Un envase de yogurt rueda saltando por la vereda hasta chocar con un árbol. Una lámpara titila y oscila con el viento. El tanque de agua del edificio de enfrente chorrea sobre la terraza. Pasa una grúa amarilla; la luz naranja del techo relampaguea en los frentes de las casas. Cierra los ojos y respira hondo.