7.11.06

Esta noche te soñé de nuevo, estabas ahí pero no estabas ahí, como siempre, bah, encerrada en un cuartito gris, tan sufriente y tan sola, esperando por salir porque no querías estar, nunca querías estar, y por eso salías aunque te hiciera tan mal, y llorabas para adentro hasta entender que el que lloraba era yo, viste cómo son los sueños, lloraba por vos y quería sacarte de ahí, pero no podía porque ese siempre fue tu lugar, es tu lugar, y ahora, justo ahora que escribo esto me llega tu cara sonriendo o mirando distraídamente por Viamonte, esa cara de que sí pero no, o peor todavía, de que no pero sí, y un domingo de marzo que imposible de olvidar y un septiembre de un viento horrible que para qué recordar, vos con tu camperita de cuero que te quedaba tan grande y parezco una bolsa, no tengo ropa, soy horrible y no, qué decís, si sos tan linda, por favor, y qué querés que te diga ahora, y cómo querés que te lo diga justo ahora que estoy de este otro lado del papel, ya ves, tantas cosas que pasaron sin pasar realmente nada, ayer el cielo estaba despejado y hoy amaneció nublado, cosas así, la lluvia va y viene y el viento se levanta de a ratos, nada cambia realmente, yo sigo con la misma cara de nada que solías ver, todo igual, por más que otros zapatos porque aquellos se abrieron en un costado un mediodía obligándome a tomar un taxi, con lo caros que están los taxis, que estaban los taxis, ya te dije lo de los taxis la primera vez que fui a tu departamento con cuadritos de Vermeer, yo me saqué el saqué y me acomodé en un sillón marrón junto a un gato que después se iba a llamar Teo, y yo nervioso, ansioso, enamorado, ya sabés, mientras te escuchaba en el baño y la canilla y el tanque de agua y qué querés tomar hay coca y algo de vino, da lo mismo, lo que quieras, y después apareciste con el pelo hermosamente recogido y había mensaje de tu mamá y después un poco de Tori y algo de vino, porque por entonces tomabas y estabas contenta, todo era muy distinto, todo es muy distinto, es por eso que no sé qué querés que te diga justo ahora, si ya ni siquiera podríamos reconocernos por Heráclito y su río y todo.

El frío de esta mañana no se puede creer, no podrías creerlo, y encima tengo que apurarme porque cortaron el agua y me demoré una vida.